
Palantir desarrolla plataformas de datos e inteligencia artificial utilizadas por gobiernos, organizaciones de defensa y empresas para analizar información y apoyar la toma de decisiones.
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Cuando se habla de inteligencia artificial, los nombres que suelen aparecer son OpenAI, Google, Microsoft o Anthropic. Sin embargo, existe otra compañía que está construyendo una posición particular en esta carrera tecnológica: Palantir Technologies. Su negocio no consiste principalmente en crear un chatbot para consumidores, sino en desarrollar sistemas capaces de integrar grandes cantidades de datos y convertirlos en herramientas para tomar decisiones dentro de gobiernos, fuerzas militares y empresas.
Fundada en 2003, Palantir desarrolló inicialmente buena parte de su negocio alrededor del sector de inteligencia y defensa. Con el tiempo, sus plataformas comenzaron a utilizarse también en industrias comerciales. La compañía afirma que su software permite conectar datos, análisis y operaciones para que las organizaciones puedan comprender lo que ocurre y actuar sobre esa información. Entre sus principales plataformas están Gotham, Foundry, Apollo y su plataforma de inteligencia artificial, AIP.
De la inteligencia de datos a la inteligencia artificial
Gotham es probablemente el producto que mejor representa la relación de Palantir con el mundo de la seguridad nacional. La compañía señala que su plataforma ha sido utilizada durante más de una década por agencias de defensa, comunidades de inteligencia y organizaciones dedicadas a la respuesta ante desastres. Su objetivo es integrar información procedente de distintas fuentes para ayudar a los usuarios a identificar patrones y tomar decisiones operativas.
Pero la gran apuesta actual de Palantir es la inteligencia artificial. Su plataforma AIP está diseñada para conectar modelos de lenguaje y otras herramientas de IA con los datos y procesos internos de una organización. Esto permite que los modelos no funcionen de manera aislada, sino dentro de sistemas donde existen controles de seguridad, auditoría y supervisión humana.
El sector militar es uno de los escenarios donde esta tecnología adquiere mayor relevancia. Palantir ofrece AIP para organizaciones de defensa y afirma que puede desplegarse en diferentes redes y entornos, incluso sistemas clasificados. La empresa también destaca mecanismos de trazabilidad y auditoría para registrar las interacciones entre humanos y sistemas de IA.
En otras palabras, su apuesta no es solamente que una inteligencia artificial responda preguntas, sino incorporarla directamente a procesos donde las decisiones pueden tener consecuencias reales. Es allí donde Palantir empieza a diferenciarse de las compañías de IA orientadas principalmente al consumidor.
Un negocio que crece y también genera preguntas
Esta relación con gobiernos y defensa también explica parte de la dimensión económica de Palantir. En 2025 la empresa obtuvo US$4.475 millones de ingresos, frente a US$2.866 millones en 2024. Los ingresos provenientes de clientes gubernamentales alcanzaron aproximadamente US$2.402 millones, mientras que los clientes comerciales representaron unos US$2.073 millones.
El crecimiento también se aceleró durante el último trimestre de 2025. Palantir reportó ingresos trimestrales de US$1.407 millones, un 70 % más que un año antes. En Estados Unidos, sus ingresos comerciales crecieron 137 % interanual durante ese trimestre, mientras que los ingresos provenientes del gobierno estadounidense aumentaron 66 %.
Pero el fenómeno Palantir plantea una pregunta que va mucho más allá de sus resultados financieros: ¿qué ocurre cuando la inteligencia artificial comienza a integrarse directamente en las estructuras que toman decisiones sobre seguridad, defensa, infraestructura y operaciones empresariales?
La compañía sostiene que sus sistemas incorporan controles, auditorías y supervisión humana. Sin embargo, la expansión de estas herramientas también abre debates sobre privacidad, transparencia, responsabilidad y los límites que deberían existir cuando algoritmos y grandes cantidades de datos intervienen en decisiones sensibles.
La cuestión resulta todavía más relevante porque Palantir no necesita construir el modelo de inteligencia artificial más famoso del mundo para convertirse en una compañía poderosa. Puede utilizar modelos desarrollados por otras empresas y concentrarse en algo diferente: conectarlos con los datos y las operaciones de organizaciones que necesitan convertir la IA en una herramienta práctica.
Su ventaja estaría, por tanto, menos en crear “el cerebro” y más en construir el sistema que permite utilizar diferentes modelos de IA dentro de una organización. Mientras compañías como OpenAI compiten por desarrollar modelos cada vez más capaces, empresas como Palantir están intentando llevar esos modelos hacia fábricas, gobiernos, sistemas de defensa y grandes corporaciones.
Palantir bajo la lupa: inteligencia artificial, guerra y las acusaciones por su papel en Gaza
Las críticas a Palantir por su relación con la guerra de Gaza se centran, sobre todo, en el papel que desempeña la empresa en la infraestructura tecnológica y de inteligencia utilizada por Israel. En enero de 2024, Palantir anunció una asociación estratégica con el Ministerio de Defensa israelí y su presidente, Peter Thiel, expresó públicamente su respaldo a Israel. Un informe presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU sostiene que la compañía amplió su apoyo al aparato militar israelí después de octubre de 2023 y señala que su plataforma Artificial Intelligence Platform (AIP) permite integrar datos del campo de batalla y apoyar procesos de toma de decisiones militares.
Una segunda crítica apunta al posible uso de IA y análisis masivo de datos para acelerar operaciones militares. Human Rights Watch ha documentado que el ejército israelí utiliza herramientas digitales y sistemas de aprendizaje automático para vigilancia, identificación de objetivos y estimación de posibles daños civiles, y advierte que datos incompletos y algoritmos imperfectos pueden aumentar el riesgo de ataques contra civiles.
En 2026, la organización también identificó la integración de Palantir Maven Smart System con sistemas de recomendación de objetivos como un ejemplo de IA aplicada a decisiones militares. Esto ha alimentado la preocupación de que empresas tecnológicas estén convirtiendo la guerra en un proceso cada vez más automatizado y escalable.
Sin embargo, es importante hacer una distinción para no presentar como probado algo que sigue siendo objeto de controversia: no existe evidencia pública concluyente de que Palantir haya desarrollado los sistemas israelíes “Lavender” o “Gospel” utilizados para seleccionar objetivos en Gaza.
La propia empresa niega categóricamente haber desarrollado o suministrado esas herramientas y afirma que su tecnología no es utilizada para esas funciones específicas. Las críticas más fuertes, por tanto, sostienen que Palantir podría estar contribuyendo a una infraestructura tecnológica militar vinculada a acciones que organizaciones de derechos humanos han relacionado con graves violaciones del derecho internacional y con acusaciones de genocidio; eso no equivale a afirmar que Palantir haya sido jurídicamente declarada responsable de genocidio. Amnesty International, por ejemplo, ha descrito la relación de Palantir con los servicios militares y de inteligencia israelíes como un motivo de preocupación por su posible contribución a abusos en Gaza.
Palantir y el manifiesto que quiere convertir la tecnología en poder
Hay algo inquietante en la manera en que Palantir habla del futuro. La empresa estadounidense, conocida por desarrollar sistemas de análisis de datos e inteligencia artificial para gobiernos, agencias de seguridad y fuerzas armadas, no parece imaginar la tecnología únicamente como una herramienta para hacer más eficiente una empresa o facilitar la vida cotidiana. Su horizonte es mucho más ambicioso: convertir la tecnología en una pieza central del poder político, militar y geopolítico.
El debate volvió a encenderse después de que Palantir difundiera 22 tesis vinculadas con The Technological Republic, el libro de su CEO, Alex Karp. El planteamiento parte de una premisa que merece atención: la inteligencia artificial está cambiando la naturaleza del poder y Occidente debe asegurarse de mantener una ventaja tecnológica frente a sus adversarios. En ese escenario, la colaboración entre empresas tecnológicas, gobiernos y fuerzas armadas no sería una anomalía, sino una necesidad.
El problema comienza cuando esa lógica se lleva demasiado lejos. Si la tecnología se convierte en un instrumento fundamental para decidir cómo se vigila, cómo se combate y cómo se identifican amenazas, ¿quién controla a quienes desarrollan esas herramientas? ¿Dónde termina la innovación y dónde comienza el poder militar? Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando los algoritmos empiezan a intervenir en decisiones en las que un error no significa perder dinero, sino poner en riesgo una vida?
Una de las ideas que atraviesa el manifiesto es que la inteligencia artificial tendrá un papel cada vez más importante en la guerra y que la discusión ya no debería centrarse únicamente en si existirán armas basadas en IA, sino en quién las desarrollará y para qué serán utilizadas. Es una visión que coloca a la tecnología en el centro de la competencia entre Estados.
Palantir defiende, además, una relación mucho más estrecha entre Silicon Valley y las instituciones militares occidentales. Desde su perspectiva, las compañías tecnológicas no deberían mantenerse al margen de los grandes conflictos geopolíticos. Por el contrario, deberían asumir que tienen una responsabilidad en la defensa de las democracias occidentales.
La pregunta incómoda es si debemos aceptar que las mismas empresas que desarrollan las herramientas digitales que utilizamos todos los días terminen ocupando también un lugar estratégico en la maquinaria militar. La tecnología puede ser neutral en apariencia, pero las decisiones sobre quién la utiliza, para qué y bajo qué reglas nunca lo son.
Las críticas han sido especialmente duras. Algunos analistas han llegado a describir esta visión como “tecnofascismo”, una etiqueta deliberadamente provocadora que intenta advertir sobre la combinación entre tecnología, poder económico, nacionalismo y fuerza militar. Palantir, por supuesto, no se define de esa manera. Pero el término refleja una preocupación que va más allá de esta empresa: qué sucede cuando quienes poseen una enorme capacidad tecnológica empiezan a considerar que su papel natural también es participar en las decisiones estratégicas de los Estados.
Gaza vuelve inevitable la discusión
El debate adquiere otra dimensión cuando se observa la relación de Palantir con Israel. La empresa anunció en 2024 una asociación estratégica con el Ministerio de Defensa israelí y ha reconocido su colaboración con instituciones de seguridad y defensa de ese país. Organizaciones de derechos humanos han cuestionado el posible papel de las tecnologías de inteligencia artificial y análisis de datos en las operaciones militares israelíes en Gaza.
Aquí conviene ser precisos. No existe evidencia pública concluyente que permita afirmar que Palantir desarrolló sistemas como Lavender o Gospel, herramientas sobre las que se han publicado investigaciones relacionadas con la selección de objetivos en Gaza. La propia compañía ha rechazado esa afirmación. Tampoco sería correcto afirmar que Palantir ha sido declarada jurídicamente responsable de genocidio.
Pero esas precisiones no eliminan la pregunta de fondo. Si una empresa tecnológica proporciona infraestructura, análisis de datos o capacidades de inteligencia a organismos militares involucrados en un conflicto marcado por acusaciones de graves violaciones del derecho internacional, ¿hasta dónde llega su responsabilidad?
Ese es probablemente el punto más incómodo del manifiesto de Palantir. Porque ya no estamos hablando solamente de una empresa que vende software. Estamos hablando de una compañía que reivindica abiertamente un papel en la defensa, que considera estratégica la alianza entre tecnología y poder militar y que desarrolla herramientas utilizadas por instituciones estatales.
El problema no es que la inteligencia artificial exista. Tampoco que los Estados utilicen tecnología para defenderse. El verdadero problema aparece cuando la velocidad de la innovación comienza a superar la capacidad de la sociedad para discutir sus límites.
Una guerra en la que cada vez más decisiones dependen de datos, sistemas automatizados y modelos de inteligencia artificial puede parecer más precisa desde una pantalla. Pero detrás de cada dato hay una persona, y detrás de cada decisión militar puede haber una vida.
Tal vez por eso el manifiesto de Palantir ha provocado tanto ruido. No porque haya descubierto que la tecnología puede cambiar la guerra —eso ya lo sabemos—, sino porque plantea una visión del futuro en la que tecnología, Estado y poder militar deberían estar cada vez más unidos.
Y esa propuesta merece algo más que entusiasmo tecnológico. Merece debate, vigilancia y preguntas incómodas.
Porque la cuestión ya no es solamente quién tendrá la inteligencia artificial más poderosa.
La cuestión es quién tendrá el poder de decidir cómo se utiliza.
